Adicta a depender de tu droga; me declaro yonki de tus labios,
y esta noche, necesito una dosis.
Véndeme ese polvo blanco a cualquier precio, que lo pago. Mañana
prometo volver a dejarlo. Pero esta noche no, esta noche necesito una
calada de tus labios. Necesito un trago rápido de la endorfina que tus ojos
me provocan al mirarte. Buscaré una buena aguja de calibre dieciséis: quiero
que me inyectes tanto como puedas. Necesito sentir en mi lo que en mi
cuerpo anduvo un día. Necesito inspirar la misma cantidad que alcancé fumando
de tu sexo. Los mismos gramos de locura que consiguieron atar a esta
mente cuerda.
A ti, aquella noche, te recuerdo acariciándome mientras buscabas metadona
en la poesía. Yo sentía celos por no ser más que otra absurda adicción para
tus venas. Tú me calmabas con un par de versos, o besos, o pastillas.
Luego, decías amarme tanto como a todos tus vicios, hasta que el
camello llegaba: entonces, tocaba pagar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario